
Falta una semana para que termine el mes de septiembre y las emociones han estado a flor de piel. Pienso en las páginas que he escrito y aunque no han sido muchas, han sido mi escucha constante. Retomé “El camino del artista”, libro de Julia Cameron que no he logrado concluir. Son bastantes ejercicios por hacer y mucha introspección por procesar.
Lo interesante de ese libro es el enfoque de rehabilitación creativa que con tareas constantes te lleva de la mano a buscar en las pequeñas cosas de afuera y las grandes cosas de adentro un poco de inspiración, yo no sé si mi creatividad está atascada, pero es verdad que a veces quiero escribir y no se me ocurre nada o no sé cómo empezar a explicar todo lo que estoy sintiendo.
En esos casos tengo que permanecer frente a la hoja en blanco, con incomodidad, sensaciones difusas y silencio. No es tan fácil como quisiera, incluso he escuchado que muchas personas no pueden hacer ejercicios de escritura y tampoco llevar un diario o que simplemente no les interesa en lo absoluto.
Me siento afortunada de haber desarrollado el hábito de hacer un registro escrito de quién soy en un día cualquiera, me gusta pensar en las palabras formando una historia, me da la sensación de que incluso en la cotidianidad hay momentos para hacer un encuentro con mi interior de esta manera. Cuando pongo el punto final siempre hay una sensación de alivio, es tan interesante que quisiera escribir hasta el último momento de mi vida y ojalá tenga esa oportunidad.
Por el momento estoy manteniendo el hábito, estoy leyendo y estoy probando cosas nuevas, entonces hoy te diría que intentes poner en palabras tu vida, no tiene que estar “bien” escrito ni tiene que tener sentido, el pequeño eco que queda después de plasmar tus propias palabras vale totalmente la pena.

