Cuaderno

Cuando no sabes qué escribir

La idea constante que nos acompaña cuando abrimos un cuaderno es que deberíamos tener algo claro para escribir, una historia o un tema a desarrollar. Muchas veces lo que hay más bien es una sensación difusa, incomodidad y silencio.

No saber qué escribir es normal y ese puede ser el punto de partida, lo único que nos pide la página en blanco es paciencia y presencia, solo es necesario quedarse un poco más de lo que quisiéramos frente a esa incertidumbre y permitir que aparezca una frase pequeña, aunque pensemos que sea algo sin importancia.

Esa frase podría ser: «No sé por dónde empezar» o «Hoy no pasó nada nuevo en mi vida» o «No quiero escribir esto, pero».

Para escribir algunas veces debemos tocar esa incomodidad y hacer fricción en aquello que permanece callado o todavía no entendemos y dejar que las palabras poco a poco aparezcan aunque solo formen una pequeña oración, eso sí, es importante dejar de lado el orden, la ortografía y las «ideas brillantes» que solo nos bloquean. Por eso hoy escribe, escribe, escribe. Escribe sin detenerte, aunque repitas palabras, aunque no tenga sentido, aunque sientas que no esta «bien escrito», solo deja que la mano avance.

Tal vez al final no obtengas una conclusión o tal vez solo encuentres una frase que deje algún eco y eso es más que suficiente. No es necesario encontrar respuestas, la introspección casi siempre empieza así, sin que sepamos qué decir o en este caso, escribir.

En la cabaña abierta le damos un lugar a ese «no saber» procurando que poco a poco tu fuego empiece a encenderse. Si estás aquí puedes entrar así, recuerda que la puerta siempre está bierta.


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